Meditación

La batalla de la fe

Por Morris L. Venden
La batalla de la fe

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios". Rom. 10: 17.

“Si usted libra la batalla de la fe con todas sus fuerzas, vencerá” (Testimonies, tomo 5, pág. 513). ¿En qué consiste la batalla de la fe? Pablo habla en cuanto a ella: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna” (1 Tim. 6: 12).

Si usted libra la batalla de la fe con todas sus energías, no le quedarán fuerzas para ninguna otra cosa.

Si es verdad que “todo fracaso de los hijos de Dios se debe a la falta de fe” (Patriarcas y Profetas, pág. 712), entonces, ¿dónde debiéramos concentrar nuestro esfuerzo y nuestra atención? Aunque parezca extraño, no en la fe misma, sino en el objeto de la fe, en la fuente de la fe, es a saber, en Jesús. Esa es la razón por la cual es tan importante que dediquemos tiempo cada día para conocer a Jesús.

“Sin momentos de comunicación, de comunión, no habrá fe ni confianza. La mejor definición de fe es confianza en Dios". (Obreros Evangélicos, pág. 273.) No se puede desarrollar confianza en alguien sin dedicar tiempo a estar junto a esa persona. Nadie puede familiarizarse con otro sin emplear tiempo para comunicarse con él.

Las relaciones sociales no se pueden sostener sin comunicación, así como tampoco podemos vivir físicamente sin alimento. Mi padre solía contar la historia de un hombre que acostumbró a su caballo a vivir sin comer. Le resultaba más económico de esa manera. Pero, por desgracia, justamente cuando el equino había aprendido a vivir sin comer, se murió.

Si dejo de alimentarme, podré sobrevivir por cierto tiempo recurriendo a lo que había comido antes. Podré vivir algunos días más echando mano del tejido adiposo almacenado en mi organismo. Pero tarde o temprano desfalleceré, y entonces vendrá mi fin.

Una persona que se inicia en la vida cristiana y nace a la vida espiritual, puede subsistir por un corto lapso sin dedicar tiempo a alimentar el alma; pero tarde o temprano su vida espiritual se extinguirá. Sólo mediante una alimentación permanente basada en el Pan de Vida y en el consumo del Agua de la Vida, nuestra vida espiritual podrá ser fuerte y saludable.

Morris L. Venden (1932–2013), pastor y escritor, formado en Teología en Pacific Union College.
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