Fortaleza en la debilidad

Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. 2 Cor. 12: 10.
La expresión entregarse a Dios generalmente es mal interpretada por miles de cristianos. Si nuestro concepto del cristianismo se basa en la conducta, entonces el centro de nuestra atención lo ocuparán los Diez Mandamientos y nuestro arduo esfuerzo por obedecerlos. Si somos “fuertes” tendremos éxito; si somos débiles, fracasaremos.
La filosofía conductista nunca induce a una persona a convencerse de su incapacidad de manera que resuelva entregarse a Dios. El conductista que es fuerte y que aparentemente tiene éxito, no se da cuenta de su incapacidad. El conductista débil dice en cambio: “No soy capaz; renuncio”. Entonces deja de luchar y se aparta de Dios justamente cuando está más cerca de él.
“El conductista cree que entregarse a Dios significa abandonar ciertas cosas en su vida: sus pecados, sus problemas y sus debilidades. Por lo tanto dice: “Estoy en presencia de Dios y de esta congregación, y prometo que de ahora en adelante no fumaré, no beberé ni bailaré más”. Si es fuerte, no lo volverá a hacer, y llegará a ser un “buen” miembro de iglesia. Si la entrega a Dios consiste fundamentalmente en dejar algunas cosas, el fuerte tendrá éxito y el débil fracasará.
He oído hablar de una cantidad de artimañas para abandonar los pecados, o sea para abandonar algunas cosas. He oído hablar de personas que escriben sus pecados en trozos de papel, que después se recogen y se llevan al frente de la iglesia a un pequeño altar donde alguien enciende un fósforo y quema todos los pecados. ¡Maravilloso! Los pecados han desaparecido. Se han convertido en ceniza. Es una linda treta psicológica. La lástima es que el débil que escribió sus pecados sobre un trozo de papel para que el fuego los consumiera, regresa a casa y descubre que todavía están vivos dentro de su ser.
Hay personas que han probado todas estas tretas, hasta que finalmente dicen: "Me imagino que hay gente que ha nacido para ser combustible en el infierno, y yo debo de ser de esa clase”. Y comienzan a creer en la predestinación.Me gustaría aclarar qué es la entrega a Dios. No es dejar a un lado algunas cosas. Es abandonar la idea de que puedo hacer algo con respecto a las cosas, excepto una: Acudir a Cristo tal como estoy.