Conocerlo es confiar en él

Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. Nah. 1: 7.
La pregunta es: ¿Cómo podemos creer? Si la obra de Dios es que creamos, ¿cómo lo podemos lograr? ¿Cómo obtener fe? ¿Cómo confiar? ¿Lo conseguiremos forzándonos a hacerlo?
Hay dos ingredientes necesarios, en nuestra relación con otras personas, para confiar en ellas. Primero: la persona debe ser digna de confianza. Segundo: debemos conocerla. Generalmente no confiamos en alguien antes de conocerlo. Entonces, si la persona es digna de confianza, confiamos en ella espontáneamente.
En Dios podemos confiar plenamente. Si lo conocemos, confiaremos en él, y lo haremos en forma espontánea. Si no lo conocemos, desconfiaremos de él. Dondequiera veamos a alguien que da evidencias de desconfiar de Dios, nos daremos cuenta que esa persona no conoce a Dios.
Miles de seres humanos en el mundo acusan hoy a Dios por todo lo que ocurre. Aun las compañías de seguros llaman “hechos de Dios” a los desastres naturales. La única razón por la cual desconfiamos de Dios es porque no lo conocemos.
Entonces, ¿cómo podemos aprender a confiar en Dios? Familiarizándonos con él. Dios nos invita a ser más que buenas personas. Nos invita a conocerlo, a experimentar su presencia y su poder en nuestras vidas. Esto es cristianismo.
La mayoría de los miembros de iglesia de hoy día confía en lo que hace en vez de buscar una relación y una amistad personales con Dios. De acuerdo con encuestas recientes, sólo uno de cada cinco dedica algún tiempo diariamente para conocer más a Dios. Esto es como tratar de producir manzanas sin un manzano. Sin una relación constante con Dios, no puede haber genuina confianza, ni fruto, ni verdadero cristianismo.
l